hope for churches in stress

La seguridad en las iglesias

Con aterradora frecuencia se producen un informe tras otro sobre un tiroteo masivo. Ya se trate de las calles, los clubes, los cines, las salas de concierto, los lugares de trabajo, las escuelas o las iglesias, no parece haber lugar alguno que esté exento de que se produzca en él una masacre.

Después del tiroteo contra los que asistían a una iglesia de Charleston, Carolina del Sur y otra de Sutherland Springs, Texas, muchas iglesias están trazando planes para su seguridad. Están estableciendo investigaciones de antecedentes, protocolos para la seguridad de los niños, entradas con llave, alarmas y cámaras de video y entrenamientos para las situaciones violentas.

Algunas iglesias están yendo más allá de esto, hasta la seguridad armada; voluntarios que portan armas de fuego para proteger a la iglesia con fuerza letal.

Esto tiene un precedente bíblico. Nehemías apostó guardas armados para que protegieran a los obreros que estaban reconstruyendo la muralla de Jerusalén (Nehemías 4:16).

Con todo, las enseñanzas y prácticas de la iglesia en el Nuevo Testamento son decididamente diferentes. La Iglesia en sus primeros tiempos se negaba a responder a la violencia con violencia (Mateo 5:43-48; Romanos 12:17-21; 1 Pedro 4:12-19). En su lugar, los creyentes tomaban la decisión de sufrir o dispersarse ante una persecución (Hechos 7:54-60; 8:1).

Bajo presión, la Iglesia del Nuevo Testamento se cubría con la “armadura” de la verdad, la justicia, la paz, la fe y la salvación. En cuanto a arma ofensiva, blandía la espada que es la Palabra de Dios (Efesios 6:10-20). Contrarrestaba las amenazas de muerte con la oración ferviente (Hechos 12:5, 12-17).

A pesar de la violenta hostilidad en su contra, el apóstol Pablo se apoyaba en las “armas de justicia”: la pureza, el conocimiento, la paciencia, la bondad, el Espíritu Santo, el amor genuino, la palabra de verdad y el poder de Dios (2 Corintios 6:3-10). Se negaba a pelear con armas humanas. Insistía: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:3-6).

La Iglesia en sus primeros tiempos comprendía que no hay resultado seguro. Pedro fue rescatado; Esteban fue lapidado (Hechos 7:57-60; 12:1-17). Unos héroes de la fe escaparon milagrosamente; otros fueron martirizados (Hebreos 11). En el amor incondicional es inherente la presencia del riesgo.

Aun bajo amenazas, las iglesias de hoy pueden tomar la decisión de ser sabias y prudentes en cuanto a las medidas de seguridad, sin recurrir a medidas disuasorias mortales.

Más importante aún es que las iglesias amenazadas por la violencia en cualquier lugar del mundo se pueden revestir con la armadura de Dios y entrenar para tener aptitudes en cuanto a las armas de la justicia, como un plan de seguridad protegido por el poder divino ahora (aunque no siempre) y para todo el futuro.

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