hope for churches in stress

Unidos en espíritu

A veces nos tenemos que reír (o al menos sonreír) ante nuestra fragilidad. Venimos a la iglesia para aprender acerca del amor y de vuelta a casa, criticamos a alguien. Nos llevamos bien con algunas personas, pero hay otras que nos irritan continuamente. A pesar de nuestras buenas intenciones, nos enredamos en malentendidos y conflictos.

Por su diseño mismo, la comunidad de la fe es un grupo de personas variadas e incluso incompatibles. En Efesios, Pablo nos recuerda a los gentiles que una vez estuvimos separados y ajenos, sin Cristo (2:11-12). Con toda franqueza afirma que una «pared intermedia de separación» nos separaba de los judíos (2:14). Sin embargo, Cristo Jesús ha destruido incluso una animosidad tan grande como esa (2:14-16).

Pablo describe también la transición desde la hostilidad hasta la paz de una manera asombrosa. Cristo crea «un solo y nuevo hombre»; esto es, una comunidad formada por personas anteriormente ajenas entre sí, ahora unida «en un solo cuerpo», y esas personas también están reconciliadas con Dios (2:15-16).

La relación mutua en esta nueva comunidad, la cual, no nos llamemos a engaño, se encuentra en nuestra iglesia local, que no es perfecta, es crucial para que exista una relación cada vez más profunda con Dios. Como «piedras vivas», vamos perdiendo las aristas a medida que chocamos unos con otros y aprendemos en medio de los altercados a «guardar la unidad del Espíritu» (1 Pedro 2:5; Efesios 4:1-16).

Hacen falta deliberación y firmeza para andar «como es digno de la vocación con que fuimos llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándonos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (4:1-3). Y para lograr algo así, necesitamos que el Espíritu nos dé su poder y los líderes de la iglesia nos adiestren (3:15-19; 4:11-16).

Reparando una a una las relaciones en mal estado, una comunidad de fe local se puede convertir en «morada de Dios en el Espíritu»; en una iglesia que transmita el grato olor de Cristo como anticipo del esplendor futuro; una iglesia destinada a no tener «mancha ni arruga ni cosa semejante»; a ser «santa y sin mancha» (2:22; 5:27; 2 Corintios 2:15-16).

Este artículo continúa la serie «Bosquejos sobre el Espíritu». Para pasar al artículo siguiente, pinche en el título «Dotados por el Espíritu». Para ir al principio de la serie, pinche en «Un viento».

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