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Escasas y frágiles

En un curso universitario de Genética, aprendí quién era Gregorio Mendel, el monje austríaco que en sus trascendentes experimentos con guisantes (o arvejas), descubrió los conceptos fundamentales de la Genética moderna.

En un libro de Mike Mason, The Furniture of Heaven & Other Parables for Pilgrims (“El mobiliario del cielo y otras parábolas para peregrinos”), descubrí que Gregorio tenía un hermano más joven llamado Johann, el cual también tenía talento con la botánica y la investigación genética.

Escribiendo jocosa y seriamente a la vez, Manson relata una parábola sobre el Mendel más joven, también monje, que dedicó su vida al meticuloso y esmerado trabajo de lograr cruces entre plantas comunes.

Uno de los primeros intentos de Johann fue una rosa cuyos pétalos eran transparentes, y carecían casi totalmente de color. Apenas se podían ver aquellas rosas. Sus colegas se reían de aquella flor que a ellos les parecía carente por completo de utilidad. En cambio, Johann tenía un afecto especial por este híbrido, al cual llamó “La rosa de la pobreza”.

Otro experimento produjo una flor a la que Johann llamó “La violeta del llanto”. La floración era una llamarada de color, pero la planta solo crecía cuando se la regaba con lágrimas. Otros monjes tuvieron poco éxito con esta planta, pero la maceta del balcón que tenía el cuarto de Johann siempre estaba llena de resplandecientes violetas.

Este botánico aficionado desarrolló también una variedad de lirio del valle que prosperaba en los suelos áridos y pedregosos donde otras plantas se marchitaban y morían. Este logro suyo pasó inadvertido entre los otros monjes. Tal vez a causa de esta indiferencia, Johann le puso a su planta el nombre de “Humildad”.

Un experimento suyo produjo una nueva variedad de trigo, a la cual Johann llamó “Trigo de justicia”. El pan hecho con este trigo era excepcionalmente apetitoso. Sin embargo, cada vez que se servía ese pan, los monjes se quejaban diciendo: “¡Después de comer de ese pan seguimos tan hambrientos como antes!”

En sus cultivos de claveles, Johann produjo uno cuya flor tenía una belleza singular. Pero solo florecía en las noches más oscuras, cuando era casi imposible verla. Johann, uno de los pocos que lograron vislumbrar alguna vez al menos la flor, le puso el nombre de “Misericordia”.

Al igual que su hermano, Johann trabajó también extensamente con los guisantes. Después de años de cruces para formar híbridos, desarrolló una variedad cuyo olor era tan sutil, que apenas se podía detectar. A esa nueva variedad, Johann le dio el nombre de “Pureza”.

Un experimento que los demás monjes desestimaron como poco práctico, produjo una clase de uva muy resistente. Se podían trenzar las fibras de la vid para convertirlas en sogas notablemente fuertes. En cambio, las vides jóvenes eran extraordinariamente delicadas, y exigían horas de laboriosa atención. Johann le dio a esta planta el nombre de “Vid de la paz”.

Según la evaluación de los demás monjes, solo uno de los proyectos de Johann tenía algún valor. Era un arbusto que crecía con tanta facilidad como la maleza, se propagaba con rapidez y daba abundante sombra. Para disgusto de Johann, este nuevo arbusto, que tenía afiladas espinas y flores poco vistosas, pronto llenó el patio de la abadía.

Después de toda una vida de esfuerzos, Johann fue sepultado debajo de un grupo de estos decepcionantes arbustos. Dejó tras sí acres enteros de nuevos híbridos en un jardín cuidadosamente atendido al que él le había llamado “El huerto de las Bienaventuranzas”.

Después de su fallecimiento, el huerto fue descuidado por completo. La mayor parte de los monjes no podían valorar unas plantas con flores y frutos que solo podían ver, manejar o paladear unos cuantos excéntricos singulares.

Sin embargo, contra toda posibilidad, las curiosas plantas desarrolladas por este botánico aficionado han soportado el paso de los años. Aunque escasos, los observadores atentos aún pueden hallar los tiernos brotes y las fragantes flores de estas extrañas plantas que crecen en los lugares más inesperados.

Ahora que he aprendido todo esto acerca de los experimentos de Genética realizados por Johann Mendel, espero que entre nosotros haya muchos que se dediquen a cultivar estas escasas y frágiles plantas para que, una vez más, puedan florecer en jardines como el de Johann (Cantar de los Cantares 4:16; 2 Corintios 2:14-16).

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