hope for churches in stress

El Pastor y más

Aunque el llamado a ser pastor sea uniforme, no hay mucho más que sea igual entre los distintos pastores. Vienen de todas las procedencias posibles, formando un arco iris de colores, en variedades masculinas y femeninas, dentro de toda una gran variedad de personalidades y con una amplia gama de talentos. A pesar de la existencia de excepciones de alto perfil, la mayor parte de los pastores no son superestrellas extrovertidas, repletas de talento y visionarias. No son esos los designios de Dios.

Los pastores, trabajando con la combinación que les ha legado Dios de temperamento, capacidades, conocimientos, intereses, peculiaridades y defectos, tienen una misión muy clara y específica: «capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo» (Efesios 4:12).

En la práctica de la vida real, esto no es sencillo. Esta labor incluye movilizar a la gente para llevarla a la adoración, cuidar de esa gente, desenredar problemas, organizar para que haya efectividad, alcanzar a los que carecen de iglesia, enseñarles a los creyentes, tanto nuevos como maduros, resolver conflictos, manejar las finanzas y asegurarse de que las dependencias de la iglesia estén limpias y en buen estado.

Por eso, el pastor sabio no intenta «hacerlo todo». Lo que hace es concentrarse en sus puntos fuertes personales, naturales o adquiridos, y ponerlos a funcionar. Y consigue la ayuda de colaboradores en el ministerio, a veces miembros del personal de la iglesia, pero con mayor frecuencia, voluntarios, que tienen unos puntos fuertes y unas habilidades que son complementarios y suplementarios.

Esto cambia el enfoque desde las contribuciones particulares del pastor hasta el ministerio compartido de un equipo formado por «el pastor y más», y esforzándose juntos, a la labor de fortalecer la vida y el testimonio de toda la congregación, lo cual, por designio divino, es precisamente lo que Dios quiere de su Iglesia.

Featured Posts
Recent Posts
Search By Tags